Saltar al contenido →

La ciudad como estrategia preventiva contra el crimen

Cuando se analiza la criminalidad en México, pocas
veces contempla desde un enfoque urbano espacial. Discusión que es fundamental,
dado que el 77.8%
de la población
vive en una ciudad.
Comencemos con una obviedad. La actividad criminal se
facilita en sitios donde no hay testigos, en lugares donde no hay comunidades
que puedan reaccionar al mismo. Los crímenes suelen suceder fuera de los ojos
del público, pues así se reduce la probabilidad de ser castigados por ello. En
las ciudades mexicanas, abundan este tipo de espacios, creados por falta de
dimensionamiento del espacio urbano en dos escalas (macro y micro- ciudad y
barrio) y su posible relación con la provisión de servicio de seguridad y con el
crimen.
A escala de ciudad, la expansión desordenada y
anárquica de las urbes de las últimas tres décadas, ha llevado a la disminución
de la densidad poblacional (5.42%
anualmente)
y al surgimiento del fenómeno metropolitano, lo cual se ha
traducido en mayores costos y dificultades para proveer seguridad. No es igual
vigilar 10 casas pequeñas en una calle, que 10 casas a lo largo de 4 kilómetros,
como tampoco es lo mismo tener una sola policía para una zona metropolitana que
muchas corporaciones municipales actuando sólo en su territorio. Esta expansión
desordenada, además genera espacios “vacíos” entre los nuevos conjuntos de
viviendas de interés social, entre los asentamientos informales,
discontinuidades aprovechables que facilitan los crímenes. Una situación que
parece haberse presentado en Ciudad
Juárez
, que creció 6 veces su superficie entre 1980 y 2010[i],
y donde el 48%
de los feminicidios sucedieron en lotes baldíos, los cuales representan el 40%
de la mancha urbana de la ciudad
.  
A escala de barrio, dada la falta de directrices
claras sobre el diseño edificaciones, las infraestructuras y su interacción con
el espacio público, también generan infinidad de sitios que facilitan los
crímenes.    
Por un lado, los grandes muros ciegos (sin puertas
ni ventanas) en planta baja rompen la interacción que se pudieran realizar
entre las edificaciones y el espacio público. Estos surgen de la presencia de grandes
edificios, gubernamentales o privadas, amurallados. También pueden ser grandes estacionamientos,
jardines u otros sitios con actividades esporádicas y sin comunicación directa
con el espacio público debido alguna reja. O bien, una gran cantidad seguida de
plantas bajas no activas en distintas edificaciones por que o bien son bardas o
son entradas a estacionamientos.
Por otro lado, tenemos la ruptura de la trama
urbana, de las conexiones directas a pie entre barrios, por grandes vialidades,
viaductos, distribuidores viales, grandes desagües al aire libre, ríos y
transporte ferroviario a nivel de piso.  Algo
conocido como barreras urbanas que inhiben la vida pública continua en estos
sitios. La solución a estas suelen ser los puentes peatonales, los cuales
terminan no siendo utilizados pues facilitan aún  más el crimen al situar a las víctimas en un
espacio cerrado sin posibilidades de ayuda. En un estudio del no uso de estas
infraestructuras en la Ciudad de México en 2010, el 25% menciono
no utilizarlos por considerarlos inseguros y el 30% respondió que requieren
mejorar su iluminación y seguridad
. Estas barreras urbanas también se
presentan por grandes edificaciones, como las mencionadas anteriormente, que
rompen la trama urbana y generan grandes muros ciegos.
Por su parte, la falta de mixtura de usos de suelo,
por ejemplo zonas de oficinas o residenciales, provocan que en ciertos días u
horarios se vuelvan solitarios y susceptibles a la apropiación por la
delincuencia. Por último, un espacio público de baja calidad, fruto de su no
mantenimiento, de su mala iluminación, entre otros factores, aleja a las
personas de usarlo. Al igual que la degradación de edificios puede generar lo
mismo. Esto genera el efecto “ventana rota”, es decir, que un espacio deteriorado por algún
tipo de vandalismo favorecerá que se cometa más vandalismo y puede alentar al
crimen
.
Ahora bien, la política pública ha sido la no
intervención y permitir que los privados provean sus propias soluciones contra
la delincuencia, lo cual ha llevado al surgimiento de la “arquitectura
de la inseguridad
”. Esta
es caracterizada por los conjuntos residenciales cerrados y de formas urbanas
“protegidas” (escuelas privadas, hospitales privados, malls, deportivos
privados, colonias enrejadas, etc.) destinadas a las clases medias y altas de
la sociedad, y que se aíslan del espacio público y su contexto urbano
circúndate.
Paradójicamente,
este tipo de arquitectura defensiva, en lugar de reducir la percepción de
inseguridad, la incrementa. Esto se debe a que al generar una separación física
marcada entre las clases poblacionales altas y bajas lleva al mal entendimiento
e incomprensión entre  las mismas clases,
lo que a su vez genera mayor tensión y agresividad  social, que permiten el mantenimiento de
altos niveles de delincuencia al inhibir la formación de comunidades. Pareciera
así una planificación premeditada del
miedo
.
Peor aún, esto deriva en el abandono del espacio y
servicios públicos, en especial del transporte público, incentivando el uso del
auto que lleva a abogar por más infraestructura vial y estacionamientos, que incentivan
la expansión de las ciudades, generando bajas densidades y así, un círculo
vicioso.
Por lo anterior es necesario virar en cuanto al
modelo de ciudad que se impulsa como modificar el diseño urbano y los usos de
las edificaciones. Se necesita apostar por un modelo de ciudad densa, mixta y
compacta, enfocada en facilitar la vida en las calles, mediante la caminata el
uso de la bicicleta y del transporte público. Medida que si bien tardaría su
tiempo en implementarse, permitiría en el mediano plazo no sólo la provisión de
servicios de seguridad de una forma más económica. También aprovecharía mejor
el escaso espacio urbano, generaría mayor actividad y tendría amplios
beneficios de sustentabilidad por la reducción de viajes en automóvil. Una
estrategia conocida como Desarrollo
Orientado al Transporte
.
A nivel barrio, la política urbana debe fomentar
usos mixtos y diversos, en plantas bajas, y para diversos horarios a lo largo
del día. Incentivar el desarrollo intraurbano, especialmente en lotes baldíos o
grandes superficies de estacionamiento. Eliminar las barreras urbanas y crear cuadras
pequeñas que sean caminables. Así como dar un mantenimiento continuo a los
espacios públicos y edificios en deterioro. Es importante destacar que no es
recomendable (ni genera equidad) eliminar el comercio informal en la calle, por
el contrario se le tiene que reordenar, de tal forma que generen actividad en
el espacio público, sin saturar estas y manteniendo la higiene del espacio
público.
De la misma forma, en el diseño del espacio público
y construido se debe aplicar medidas de “prevención del crimen mediante diseño
ambiental” (Crime prevention through
environmental design
, en inglés), como iluminación, espacios abiertos, etc.  Medidas que en EUA se han asociado con disminución de las tasas de
robo de entre el 30 al 84%.
Un ejemplo de la aplicación de algunas de estas
políticas ha sido Medellín, Colombia, la antigua capital mundial del crimen,
que al proveer de un transporte masivo de calidad a zonas marginadas (Metrocable),
mejoramiento del espacio público, creación de un centro cultural (Parque Biblioteca España)
activo todo el día, acompañado de otras políticas para fomentar la vitalidad en
el barrio (como la creación de negocios), dio píe a la
recuperación de un barrio marginal y a la reducción del crimen
.[ii]
  
Sin duda las intervenciones espacial permite
prevenir la delincuencia al fomentar la vida en las calles y la creación de
comunidades, mas no es suficiente. Estas intervenciones además requieren, entre
otras cosas, de un aparato de policial y de procuración de justicia que
funcione adecuadamente, así como fundamentalmente un modelo de desarrollo
económico que genere oportunidades viables para salir de la pobreza y reducir
la desigualdad social. De lo contrario, cometer crímenes para obtener ingresos
continuara siendo la opción más atractiva de vida en el corto plazo.

[i]
SEDESOL. (1012). La expansión de las ciudades 1980-2010. México: Secretaría de
Desarrollo Social.
[ii]
Una explicación adicional de la reducción del crimen en Medellín incluyen la
desmovilización de paramilitares y el fin de la guerra de las pandillas. Hylton, Forrest. “Extreme makeover”:
Medellín in the New Millennium.  En:
Davis, M & Bertrand, D. (2007). Evil Paradises: Dreamworlds of
Neoliberalism. New York: The New Press.

Publicado en Sin categoría

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *