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Autopistas urbanas: la historia como farsa y tragedia

El
peso de la historia generalmente es implacable, cuando se repite los resultados
son los mismos, ya sean de gloria o de tragedia. En el caso de las autopistas
urbanas en México, la historia no se repite como gloria, esta sucediendo hoy
como farsa y mañana será tragedia.

En
la década 1950 se construyen las primeras autopistas urbanas elevadas en
Estados Unidos, basadas en el modelo de ciudad de Futurama (presentado en la
feria mundial de 1939 bajo el auspicio de General Motors); una
utopía que mostraba a la ciudad del futuro compuesta de grandes rascacielos y
autopistas urbanas por donde los coches circulaban a cien millas por hora y las
cuales conectaban a todas las ciudades de Estados Unidos. En su momento, los
promotores de estas las autopistas urbanas aseguraban que con ellas el
congestionamiento vial desaparecería, teniendo como medio de movilidad el
automóvil particular, pudiendo ir de la casa al trabajo en minutos y teniendo
tiempo extra para la familia y el ocio. Un mundo idílico, en el cual la
modernidad está al servicio en forma de concreto y el automóvil particular es
el medio de transporte a la felicidad.
Muchas
autopistas urbanas se construyeron, pero otras tantas no se hicieron debido a
la protesta de urbanistas reconocidos (Lewis Mumford, Jane Jacobs y Herbert
Gans) y sociedad civil. Las que se construyeron resultaron no generar la utopía
del automóvil y al poco tiempo también estaban congestionadas como los
urbanistas advertían. Esto se debió al tipo de ciudad que incentivaron estas
autopistas: una ciudad extendida dependiente del automóvil particular. A cada
nueva autopista se generaban más suburbios a mayores distancias de la ciudad, y
con ello llegaban más automóviles. Un fenómeno que fomentó lo que con el tiempo
se conoce como tráfico inducido, es decir, a más calles más automóviles.
Este
modelo de ciudad extendida en Estados Unidos es considerado como una de las
causas de que este país sea el mayor emisor de gases de efecto invernadero en
el mundo -causa del calentamiento global- debido a que su movilidad urbana es
dependiente del automóvil particular (alto consumidor de petróleo y generador
de otras tragedias como guerras y desastres ecológicos). Las autopistas urbanas
y el automóvil particular no generaron un mundo idílico y son causa de una
futura anti-utopía.
Debido
a ello, en muchas ciudades estadunidenses se demolieron estas autopistas
urbanas (San Francisco, Nueva York, Portland, Milwaukee y Boston), y
actualmente corrientes de planeación, como el nuevo urbanismo, proponen dar un
paso atrás y volver a las ciudades compactas, amigables con el medio ambiente y
con espacios públicos pensados en el ser humano, no en el auto, para dar
calidad de vida.
En
cambio en México esta historia es conocida y aun así se promocionan y venden
las autopistas urbanas como la solución idílica al congestionamiento vial, como
medios para mejorar la calidad de vida, e incluso, grotescamente, como una
solución a la generación de gases de efecto invernadero provenientes del
automóvil particular. Este es el caso de la Vía Express en Guadalajara, de la
autopista urbana en Ciudad de México (Supervía poniente, segundos pisos de
periférico y viaducto bicentenario) y de propuestas similares para Puebla (en
Plan de Ayala) y Cuernavaca. La misma historia de Estados Unidos repetida como
farsa en México, una farsa vendida a la ciudadanía como una falsa utopía.
La
tragedia vendrá cuando los mismos efectos negativos de Estados Unidos se
repitan aquí, en México: expansión de las ciudades, más coches y más
contaminación. La historia es hoy farsa en México y mañana será tragedia.
Aquí
los videos de Futurama (por la General Motors)

Versión actualizada de este post aquí.

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