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Reseña del «El sexo y el fracaso del absoluto» de Slavoj Žižek

De acuerdo con Slavoj Žižek, este libro pretende ser lo más sistemático a sus planteamientos filosóficos y políticos que jamás haya escrito –lo cual es toda una tarea, dado lo prolífico que es en sus textos y analizando una gran variedad de temas. Sin embargo, para ello, escogió una manera peculiar de organización: se compone de 4 teoremas o tesis filosóficas, cada una acompañada de corolarios, para explicar sus consecuencias, y de escolios (notas críticas), para explicar cada tesis con casos particulares. Una estructura que de acuerdo con Mácha (2020) corresponde a un esquema medieval de exposición. Además de que se encuentra escrito con su conocido estilo en forma de ensayos que no estructuran un argumento lineal, que salva mediante una buena introducción que describe cómo se hila cada teorema con sus corolarios y escolios.

Esta reseña, entonces, resume sucintamente los cuatro teoremas que expone, resaltando algunas de las implicaciones políticas más importantes que cada uno tiene, que a mi parecer es de lo más valioso que deriva de los planteamientos de Žižek. Adicionalmente, se realizar una crítica a algunos señalamientos de otros trabajos que se han posicionado sobre el trabajo del filósofo esloveno.

Ahora bien, los argumentos de Žižek están fundados en su reformulación del materialismo dialectico, que difiere de la versión promovida por el estalinismo en el siglo pasado, para lo cual recurre a su triada clásica: Hegel (principalmente), Lacan y Marx. Su planteamiento de materialismo dialéctico está basado en la idea de un vacío o falla constitutiva en las cosas, en la realidad, que son una condición para su auto reproducción. Esto lo deja claro al señalar que: “la primera premisa de este libro es que el materialismo dialectico es un espacio igualmente intrincado, y que esta circunvolución, este movimiento circular autocontenido de repliegue sobre sí mismo, es lo que distingue al verdadero materialismo dialéctico de otras formas de materialismo seudodialéctico que se limitan a reivindicar la naturaleza de la realidad como eterno enfrentamiento de opuestos” (p. 15).

A partir de ello, sostiene cuatro teoremas. El Teorema I, puede resumirse como “el fracaso de toda ontología, un fracaso que refleja el carácter fallido de la realidad” (p. 22). Žižek utiliza la tesis de Kant que establece que no es posible conocer la cosa en sí, pero le da un giro hegeliano, estableciendo que esta brecha entre el fenómeno y el noúmeno es en realidad constitutiva de la realidad. Ontologiza la brecha en la realidad misma. En “el nivel más simple, la realidad no es lo que es, sino lo que no logra ser y su facticidad está atravesada por una imposibilidad” (p.48).

Con esto, Žižek reposiciona políticamente a Hegel y su “idealismo”, para señalar que para transformar la realidad, es necesario primero cambiar la forma en que la percibimos y el cómo nos relacionamos con ella. Un idealismo que busca la reconciliación con los antagonismos. Esto es fundamental para las intervenciones políticas que realiza, pues como claramente establece, las actitudes hacia la ontología están relacionadas con posturas políticas reales: el neokantianismo, esta relacionado con el reformismo socialdemócrata, el materialismo dialectico está relacionado con el estalinismo, la ontología del ser social de Lukács se relaciona con una reforma humanista del socialismo existente, la dialéctica negativa con la derrota política en los países desarrollados, etc. (p. 75).

En este sentido, la falla del sujeto se fundamenta en la propia falla de la realidad. Esto, en lugar de reconciliarnos con la derrota, “abre nuevas perspectivas de acción radical basadas en la duplicidad de la falta” (p. 76).

Una consecuencia política practica es referente a las fakenews. Estas son parte de la realidad y hay que tomarlas en cuenta en la política. No existen noticias plenamente objetivas, sin fallas y sin subjetividades involucradas: “…la verdad universal y la parcialidad no se excluyen mutuamente: se involucran en la lucha por la emancipación, no en quienes intentan mantener una indiferencia «objetiva»…el antisemitismo (pero también cualquier otra forma de racismo) es absolutamente erróneo, aunque se apoye en «verdades» parciales (datos exactos). No sólo hay datos verdaderos y datos falsos, también hay puntos de vista subjetivos verdaderos y falsos, pues forman parte de la realidad social” (p. 120).

El Teorema II, trata sobre la relación entre la ontología y la sexualidad, o en palabras de Žižek, “la sexualidad como nuestro contacto privilegiado con lo absoluto” (p. 22), lo cual se encuentra basado en la idea de Lacan de que “no hay relación sexual”. Mácha (2020) lo resumen muy bien: “…las fórmulas de la sexuación de Lacan pueden ser análogas a las antinomias Kant, que, de acuerdo con el Teorema I, pasan del terreno epistemológico al de la ontología. Estas fórmulas caracterizan dos imposibilidades principales: lo femenino y lo masculino. Al afirmar que el todo requiere una excepción o el no-todo es una parte del todo sin una excepción. Estas imposibilidades son experimentadas como lo sublime en el mundo fenomenal, que Žižek conecta con el principio del placer y la pulsión de muerte de Freud. Esta diferencia no persiste entre dos entidades positivas, lo masculino y lo femenino, pero marca una división en el género. El genero universal es dividido en una categoría particular (masculino) y un resto, el objeto a lacaniano, que es constitutivo de esta división (lo femenino).”

Este segundo teorema tiene consecuencias políticas, al establecer la universalidad concreta (con su categoría particular y su excesivo), que define como “una universalidad que se incluye así misma entre sus especies, bajo la apariencia de un momento singular que carece de contenido particular; en otras palabras, precisamente quienes carecen de un lugar apropiado dentro del todo social (como la plebe) representan la dimensión universal de la sociedad que las genera. Por esta razón, la plebe no puede ser abolida sin transformar radicalmente el conjunto del edificio social…” (p.237). En otras palabras, una política que avance en la universalidad requiere revolucionar a la sociedad entera: eliminar la miseria del proletariado implica abolir las relaciones sociales de producción del capitalismo, como deriva el marxismo.

El Teorema III utiliza tres topografías no orientables (la cinta de Moebius, el cross-cap y la botella de Klein), y los liga con ser esencia y noción (de Hegel) o coincidencia de opuestos, objeto a y universal (p. 23). La cinta de Moebius en su uso dialectico es el más conocido, los opuestos coinciden, las diferentes caras de la cinta que en realidad son la misma (ej. la cantidad se convierte en cualidad).

El cross-cap introduce un corte en la continuidad y ese corte permite que la relación entre los dos opuestos adopte la forma de reflexión. Un ejemplo concreto de ello es la lucha de clase que “no puede reducirse a un conflicto entre agentes particulares con la realidad social: no es una diferencia entre agentes positivos (que pueden describirse mediante un análisis social detallado) sino el antagonismo, la lucha que constituye a estos agentes” (p. 272). Por ello menciona, que “la lucha de clases no es un enfrentamiento entre dos grupos sociales que puedan clasificarse objetivamente, sino una división que, de forma diagonal, atraviesa todo el espacio social” (p. 271).

Por su parte, la botella de Klein, permite mostrar cómo aparece la subjetividad, el circulo de la reflexividad alcanza el absoluto, la causa pasa a ser efecto de sus efectos (p. 23). “En este punto advertimos con claridad la diferencia entre la cinta de Moebius y la botella de Klein. En la Cinta de Moebius, pasamos de una cara a otra de la cinta, o de un término a su opuesto, mientras en la botella de Klein pasamos del agujero en el cuerpo circular a la sustancia de este propio cuerpo, esto es, el vació regresa como el propio cuerpo que rodea. Sólo así llegamos a la subjetividad. ¿por qué? El sujeto es pura diferencia, y emerge como tal cuando esta diferencia ya no se reduce a una diferencia entre las partes de algún contenido substancial” (p. 298).

La consecuencia de esto es que las tensiones antagonistas no son reducibles a la diversificación y multiplicación clasificatoria, son constitutivas de lo sexual (p. 282). Por ello, las políticas emancipatorias, universalistas, tienen que fijarse en los antagonismos, no en la inclusión liberal. Al respecto Žižek señala que “la multiplicidad funciona como la negación del antagonismo asociado a la noción de la modernidad como tal: la falsedad de la multiplicidad reside en el hecho de liberar la noción de modernidad del antagonismo, de la forma en que pertenece al sistema capitalista, relegando este aspecto a una de sus subespecies históricas” (p. 283).

Aquí vale hablar del Corolario 3, Teorema III, que es sin duda de los más polémico, que adelanta los “rudimentos de un platonismo cuántico”. Žižek utiliza los trabajos de Carlo Rovelli (2015) sobre física cuántica y los lleva al terreno de la ontología. Habla de que la física cuántica establece ondas, probabilidades y la realidad física implica el colapso de una de estas probabilidades. Entonces, la realidad es fallida en sí misma al haber colapsado en una de todas las probabilidades al mismo tiempo. (p. 306-307). También habla del concepto Menos que Nada (MQN), utilizando la física cuántica, en el que menciona que el surgimiento del vacío requiere algo que sea “menos que nada”, que exista en el espacio simbólico, no en la realidad, “un objeto que ha de ser añadido al estado de las cosas para llegar a la nada” (p. 326).

Esto de igual forma tiene implicaciones políticas actuales en cuanto a las crisis que enfrenta la humanidad y nos colocan frente el apocalipsis, como el cambio climático o la aniquilación por una guerra nuclear. Sobre este último, la posición que considera adecuada que no se trata de salvar el mundo actual, sino “la realidad que podría haber sido de no haber frustrado los antagonismos que han originado la amenaza nuclear” (p 368). La elección, como sostiene Alenka Zupančič, es en realidad entre perderlo todo y crear lo que estamos a punto de perderlo, solo esto podría salvarnos: “construyamos primero esta totalidad (unidad, comunidad, libertad) que estamos a punto de perder por la bomba”. (p. 368). Ante la desesperanza, entonces, es el momento de justo de cambiar todo.

El Teorema IV, resumen los anteriores y establece que las abstracciones son parte de la realidad, son parte de su funcionamiento constitutivo. Como ejemplo emblemático, el valor de las mercancías en el capitalismo es una abstracción que gobierna al mundo. De igual forma hace una crítica importante a Latour, a la Ontología Orientada a Objetos (OOO) y a Butler. En buena medida hay una crítica a las nuevas ontologías, las cuales rechaza – aunque establece desde un inicio del libro (p. 27) que el verdadero enemigo es el arte del no pensamiento”, las frases de “sabiduría” que tratan de ser profundas, fascinarnos y despolitizarnos. Por ello, trata de establecer un dialogo importante con la teoría de los ensamblajes con la filosofía hegeliana, para establecer que no existe ensamblajes sin el sujeto, pues aún a la descripción más inhumana de la realidad se le debe de incluir.

Las implicaciones políticas de esto son más que evidentes. Con ello Žižek actualiza la importancia de Hegel, de su idealismo y la abstracción, así como la centralidad del sujeto en la política. En contraste con los objetos, como pretenden realizar la OOO.

Además, de desarrollar en contraposición el “¡Aquí esta Rodas, salta aquí!” (Hic Rhodus, hic saltus), usado para retar a los que alardean, por “¡Rodas está allí, salta allí!” (Ibi Rhodus, ibi saltus). Por lo cual menciona que el lema debe de ser: “actúa de tal modo que tu actividad no dependa de una figura del “gran otro” como garantía de ontológica. Incluso la orientación más “materialista” a menudo se basa en un gran otro que supuestamente registra y legitima nuestros actos” (p. 24, 428-429). En otras palabras, resalta la idea de que muchos intelectuales de izquierda hacen su carrera considerando que afuera existe la verdadera revolución– al cuál nunca acuden realmente, pues no existe tal sitio. Que existe un sitio (un gran otro) con consistencia que le garantice permanecer inmutable en el otro. Por lo cual, menciona que la solución es actuar en donde estamos, pues no hay otro lugar a donde saltar.

Algunas consideraciones críticas a las críticas

Se han hecho algunas críticas a este texto, algunas de las cuales valen en sí un comentario. La primera, es sobre la “pereza” académica del texto (Mácha, 2020). Esta crítica es similar a la de McManus (2021) señala que, a pesar de tratar de ser el mayor esfuerzo de Žižek para lograr un marco básico ontológico de todo su trabajo, queda a deber. Señala que otros trabajos de Žižek son más rigurosos, como Menos que nada (2015). Una segunda crítica, que es recurrente con la primera, es el uso de bromas vulgares o referencias a Stalin (Machá, 2020).

Es cierto, el texto tiene textos copiados de Wikipedia, en lugar de recurrir a las fuentes primarias, afirmaciones sin respaldo o con problemas de citas entre otras, lo cual en términos académicos no es correcto. Sin embargo, esto no reduce la calidad de sus argumentos. Una crítica de forma, no de fondo. De igual manera, la segunda crítica muchas veces parece ser más una reacción a prejuicios propios que a posiciones de Žižek. Se acerca mucho más a la idea de la corrección política, que ha criticado Žižek (2010).

Noys (2015) ya ha respondido a estas críticas hace tiempo, mencionando que el uso de inexactitudes, chistes de mal gusto, ser ofensivos o la repetición, es parte de su método de creación de argumentos e intervención política. Sus excesos son realizados con conocimiento de causa. Por ello, Žižek debe de ser leído tomando en cuenta que sus argumentos envuelven tres discursos abstractos a la vez: el psicoanalítico, el hegeliano y marxista. Además, este tipo de recursos, junto con el uso de la cultura popular, es lo que han atraído gran atención pública a sus planteamientos. Del mismo modo, que el papel de intelectual de Žižek no es el que busque estar dentro del establecimiento académico, sacrifica dicho prestigio, para lograr una mayor diseminación de sus ideas (Bar-El & Baert, 2021).

Sobre el uso de la física cuántica, Mácha (2020) apunta que ha recurrido a un solo trabajo de este campo, cuando existen más interpretaciones. Esta crítica puede sostenerse en sí misma, aunque con su debido cuidado, pues Žižek adelanta que es un rudimento, un primer estudio, por lo que implica que debe de ser tomado como tal. Una aproximación no final, lo cual abre un campo amplio de reflexión y desarrollo de diferentes perspectivas.

Otra crítica es sobre la búsqueda de universalidad que plantea Žižek, y que Deane-Freeman (2021) contrapone con otras visiones que señala la realidad como completa. Esta crítica implica tanto una posición ontológica, como una posición política, pues la contrapone a una visión donde la humanidad tiende a ser contigua con la naturaleza, en equilibrio con ella, lo que implica una posición contra la idea del progreso (de la modernidad). De igual manera, lo señala de tener una posición de imperialismo intelectual, de recurrir a la estructura edípica (freudiana) que no da cuenta de la pluralidad de la vida humana. Al respecto, Žižek ha criticado la posición romántica de la naturaleza y conservadora como ingenua. Si bien, esto no se encuentra desarrollado dentro de este libro se puede derivar del Teorema I, la realidad es fallida y no existe un equilibro natural. Para ser más exactos, Žižek plantea que la humanidad no debe de actuar con modestia en relación con la naturaleza, debe de actuar como ser universal, con toda su capacidad transformadora de la realidad para poderse enfrentar a los grandes desafíos ambientales actuales, como el cambio climático (Žižek, 2022a y 2002b).

Finalmente, McManus (2020) señala un alejamiento de la importancia del trabajo (que resaltaría Marx y Engels), con esta reformulación del materialismo dialectico, llevando a Žižek lo más a centrarse en cuestiones filosóficas que económicas. Así como en la falta de una visión robusta de una sociedad futura o un análisis de los movimientos socialistas actuales. Lo cual hace difícil conectar con versiones más acabadas de análisis marxista de la economía. Una crítica que tiende a regresar lo dicho por Marx y Engels a los idealistas: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo” (Marx & Engels, 2014, p. 502).

Aquí, también parece que se contraponen posiciones ontológicas y políticas. No niega la necesidad de acción, más bien resalta la necesidad de abstracción como un paso anterior. Por lo que Žižek (2004) suele mencionar que en otoño de 1914 ante el colapso de la Segunda Internacional y el inicio de la primera guerra mundial, Lenin se retiró a leer la lógica de Hegel, lo cuál le permitió plantear una posición radical que lo llevaría a comandar la revolución rusa de 1917.

Referencias

Publicado en Intervención y Coyuntura. Revista de Crítica Política.

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