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Revisitando Tajamar, especulación inmobiliaria, turismo y sustentabilidad

TAJAMAR Y AL FONDO COMPLEJO
LAS AMÉRICAS –MALECÓN CANCÚN
. Foto: Salvador Medina.

Hoy vale recordar el ecocidio de Tajamar a más de un año de sucedido,
pues el Gobierno Federal aunque fue anfitrión de la Conferencia de Naciones
Unidas sobre Biodiversidad (
COP13) en Cancún, durante el mes de diciembre de 2016, sigue sin emprender
acciones para reparar el manglar y cancelar el proyecto en definitiva, pues su
situación jurídica se encuentra aún sin definición. La contradicción del
gobierno Federal es obvia, Cancún fue la ciudad que sucedió este desastroso
evento y en una de las regiones más devastadas ambientalmente del país en las
últimas décadas. Un evento internacional donde justo se habló de la
conservación y se celebraron compromisos internacionales en esa dirección, pero
cuyo
gasto fue equivalente a un año de presupuesto para conservar las áreas naturales del
país. 
***
Tajamar ha dado grandes lecciones
sobre cómo las
autoridades (en este caso FONATUR) “falsean información
” para poder privatizar recursos naturales y permitir
su destrucción con tal de atraer inversionistas. Esto a pesar de conocerse los beneficios
de conservar el medio ambiente para la población que ahí habita y para el mismo
modelo turístico, como es el
caso de los manglares
necesarios para el mantenimiento de la arena en las
playas (sin hablar de los
beneficios que tienen para la biodiversidad que la habitan).
Sin embargo, poco se ha hablado del
por qué ocurrió Tajamar, en ese preciso instante y en ese
preciso lugar, cuando ya llevaba
más de 15 años de haber sido planteado este proyecto. Cuando el desarrollo turístico
a lo largo de la costa de Quintana Roo ha arrasado hasta
con el 55% del manglar desde la década de 1970
, y, por lo tanto, los
inversionistas quizá habrían podido
desarrollarlo en otra parte del estado sin que nadie se hubiera
percatado, no como en este manglar. 
La respuesta es que si bien Tajamar
es parte de la industria turística, no responde del todo a este modelo
desarrollado en Quintana Roo. No se encuentra a pie de playa, ni frente al mar,
ni frente a ruinas arqueologías u otro atractivo natural, que suelen ser los
motivos más apreciados por el turista que visita la zona. Su lógica de hecho es
más urbana, en otras palabras, tiene que ver con Cancún como ciudad y con la
lógica de un mercado inmobiliario que trata de combinar un nuevo mercado local
con el mercado turístico.
Tajamar se encuentra localizado
en un sitio privilegiado de la zona metropolitana de Cancún. A un costado de la
parte más antigua habitacional y reconocida como el centro de la ciudad. Ese
lugar donde se construyeron las famosas “supermanzanas” proyectada para cubrir
la necesidad de vivienda de los primeros 20 mil habitantes de Cancún.[i]
También se localiza
justo al inicio del boulevard Kukulcán, la puerta a la zona hotelera y muy cerca del desarrollo
turístico cerrado de Puerto Cancún (al
norte) – con características similares a lo planeado en Tajamar y a desarrollos comparables en Dubai. 
ILUSTRACIÓN 1: SITUACIÓN
URBANA DE TAJAMAR
En este punto tan atractivo por su
localización ha surgido un enorme complejo, Las Américas –Malecón Cancún: cuenta
con un centro comercial, oficinas, torres de departamentos, hoteles y hospital.
Mientras a su alrededor han surgido más espacio para oficinas, comercio (como Plaza Azuna), hoteles y viviendas de
lujo (como el desarrollo Villalta en  El
Table). Todo esto va
más allá de la simple atracción de turistas, también son desarrollos enfocados
al comercio local de medios y altos ingresos. En la creación de espacios de
trabajo “modernos”, de vivienda con el lujo de la localización, ya sea como
inversión inmobiliaria o para el uso de estratos con alto poder adquisitivo
(residencia permanente o segunda casa). De ahí la importancia comercial del
“Proyecto Malecón Tajamar”, un terreno virgen de grandes dimensiones, con una
localización urbana envidiable, junto a un mercado
inmobiliario boyante
y el mercado turístico de sol y playa del país (que
atrajo 4.6 millones de visitantes en 2015 a Cancún[ii]). 
ILUSTRACIÓN 2: IMAGEN
OBJETIVO DEL PROYECTO MALECON TAJAMAR
Una lógica no muy diferente a la sucedida
en sus inicios en Santa Fe, Ciudad de México. Un sitio con grandes terrenos
cercanos a zonas de altos ingresos y con buena accesibilidad al centro de la
ciudad. Aunque, con grandes problemas de movilidad  debido a la falta de transporte público masivo y
un gasto público enfocado al auto
. Así como grandes riesgos de
sustentabilidad, tal como lo
demostraron los recientes derrumbes
. Situaciones
que tendrían que aprender en Tajamar y el resto de la Riviera Maya. 
El crecimiento explosivo de
Cancún y su zona metropolitana ha generado una demanda puramente urbana que se
evidencia con el aumento,
entre 1980 y 2010, de 25.79 veces su territorio urbano y  de 18.2 veces 
su población (de 47 mil a 677 mil)[iii].
Esto ha dado pasó, a su vez, a la existencia de una minoría
de la población local altamente beneficiada por el turismo y una mayoría excluida
de sus grandes beneficios, cada una con sus propias demandas de vivienda,
servicios y localización. 
Es en este contexto en que
Tajamar se volvió valioso para satisfacer la demanda de los sectores de altos
ingresos, los más
beneficiados por el turismo; en especial se demanda la centralidad, un
beneficio que es irremplazable. Sólo hasta que se alcanzaron estas economías de
aglomeración es que el desarrollo de Tajamar logró conseguir los inversionistas
suficientes para su desarrollo, 15 años después de planteado.
Al mismo tiempo, en este
desarrollo se podría haber atendido las demandas de un sito turístico que
demanda más cosas que sólo sol y playa o quedarse encerrados en los hoteles
“todo incluido” que son “todo excluyentes”. Esto lo ha demostrado el enorme
éxito comercial de la “5ta Avenida” en Playa del Carmen, ciudad competidora de
Cancún por atraer turistas, en donde salen a caminar y pasear, e incluso en la
10ma Avenida se construyó una ciclovía que conecta directamente con el complejo
Playacar para el uso
de los turistas y los
locales. Un tipo de vida urbana de la cual carece la zona hotelera de Cancún, que padece una severa falta
de integración urbana con el resto de la ciudad.
ILUSTRACIÓN 3: IMAGEN
OBJETIVO DE LA RAMBLA COMERCIAL DEL PROYECTO MALECÓN TAJAMAR
Tan sólo véase lo que se
pretendía desarrollar en Tajamar: un sitio con 5,096 unidades de alojamiento,
2,607 viviendas, usos comerciales, edificaciones de hasta 14 niveles, una
basílica para 2 mil feligreses católicos, una rambla comercial y un ancho
malecón con ciclovía. Todo en una superficie de 784,090 m2 y
vendible de 386,902 m2. A lo que hay que añadirle la construcción
del Parque Cancún (Ecopark Cancún), en
un terreno donado por Fonatur al municipio de Benito Juárez
, el cual
pretende arrasar una zona de manglares de 240
hectáreas
al sur de Tajamar. Esto con el fin de hacer un “parque ecológico”, no en el sentido
de la conservación de la naturaleza, sino muy probable en el sentido de generar
una producto que compita con la “ecología empaquetada” que ofrece el Grupo Xcaret.
ILUSTRACIÓN 4: ECOPARK,
CANCÚN. PROYECTO CONCEPTUAL
Fuente: Noticaribe.
Difícilmente los 29
inversionistas privados y FONATUR hubieran querido construir esto en las afueras de la ciudad, junto al
ejido urbanizado de Alfredo V. Bonfil o cercanos a los asentamientos
irregulares de la colonia Avante. Lugares donde vive gran parte de la fuerza
obrera de la ciudad, que son los que con sus manos han construido este éxito
turístico y lo mantienen con su trabajo. 
Pero, para su modelo
de planeación turística de enclave, esos lugares le han tenido sin cuidado a
FONATUR, pues su modelo no es el desarrollo humano, es el desarrollo
inmobiliario e incluso uno
que se beneficia de cierto grado de especulación. 
Nótese que FONATUR invirtió más
de $520
millones de pesos para urbanizar el sitio, mientras se obtuvo $2,040 millones
de pesos en ventas de lotes
, a pesar de ser un área de manglares en la cual
no debería desarrollarse. Todo bajo el pretexto de generar empleos y atraer
inversión, pero sin que tuvieran
el más mínimo interés en mejorar la cotidianeidad de las personas que viven y mantienen la ciudad,
rechazando su derecho a gozar de
ella.
Es así que Tajamar sucede como un
fenómeno ligado más allá del turismo internacional, sino también al mercado
interno que surge de la aglomeración de miles de personas en una ciudad. De las
necesidades urbanas de un sector de la población en Cancún y de sus empresas. Una
lógica novedosa y un nuevo desafío a la sustentabilidad de la zona: la suma de
la especulación inmobiliaria urbana y turística de FONATUR en sus acuerdos con
los grupos inmobiliarios. Esos
acuerdos se están volviendo la base de la construcción de una ciudad excluyente
y no sustentable. Muy a pesar de que el gobierno haga eventos internacionales
sobre la sustentabilidad y conservación de la biodiversidad en Riviera Maya.

[i] Pérez
Villegas, Graciela, & Carrascal, Eurosia. (2000). “El desarrollo turístico
en Cancún, Quintana Roo y sus consecuencias sobre la cubierta vegetal”. Investigaciones Geográficas, (43),
145-166.
[iii] SEDESOL.
(2012). La expansión de las ciudades 1980-2010. México: Secretaría de
Desarrollo Social.
Este texto se publicó originalmente en La Brújula de Nexos

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