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Huir del capitalismo, expandir el capital turístico en la Riviera Maya

Dado que arruinamos los oasis cuando nos dirigimos a ellos con el propósito de escapar, a veces parece como si todo conspirase mutuamente para generalizar las condiciones del desierto”.

Hanna Arendt, La promesa de la política

Huir del capitalismo parece una tarea imposible, en especial si se desea hacer migrando lo más lejos que se puede de sus espacios más característicos: sus ciudades. Sin embargo, no sorprende que exista la idea romántica de que es posible escapar de él a un lugar paradisiaco, a una playa remota, a un pequeño poblado en el desierto, a un lejano lugar en las montañas, a una comunidad en la selva, el campo o incluso alguna lejana región en otro país, con suelo altamente barato o gratuito para adquirir una vivienda y sus propios medios de producción. La fantasía de que “los trabajadores pueden volver a una vida verdaderamente inalterada mediante la migración a alguna frontera” (Harvey, 2009, p.391) en la que se debilite el control que el capitalismo ejerce sobre ellos.

Sin embargo, estas “fugas” del capitalismo, una vez realizadas, no son muchas veces más que trampas que terminan por atraer lo que se trataba de abandonar en primer lugar. Al recurrir a soluciones individualistas para enfrentar al capitalismo, se actúa en total concordancia con la ética neoliberal, pues esto sirve como una “solución espacial” al capital para formar nuevos espacios y conquistar mercados. Al mismo tiempo, se abandona las respuestas políticas colectivas al capitalismo, al recurrir a la solución individualista (totalmente en concordancia a la ética neoliberal). Ahí está el ejemplo de quienes buscan asentarse en pequeños poblados alejados en las playas para tener una vida diferente, con la sensación de estar más cerca de la naturaleza, fuera del rigor del trabajo alienado y con una idea de emancipación. A veces incluso forman poblados nuevos que se asemejan a comunas (socialistas á la Fourier) con idearios hippies. Como la película The Beach (2000) en donde un joven turista busca una isla secreta paradisiaca con una comunidad de viajeros que han dejado todo atrás para vivir placenteramente, de forma autosuficiente y sin restricciones. Estos individuos, a pesar de sus ideales, no dejan de operar en la lógica del capitalismo. Nuevas mercancías, servicios, apropiación y transformación de la naturaleza, etc. comienzan a aparecer lentamente y se aceleran de acuerdo con la cantidad de inversión que cada individuo lleva a su lugar paradisiaco de preferencia.

Tomemos un caso típico de las costas de México: una enramada donde sólo se permitía pernoctar o acampar por poco dinero, a turistas aventureros o con pocos recursos, que en pocos años se transforma radicalmente en una serie de hoteles y restaurantes a pie de playa, no necesariamente beneficiando a sus ocupantes. Si la playa en cuestión resulta atractiva para clases medias altas que viajan desde distintas partes del país e incluso de otras latitudes, se genera una gran demanda de bienes y servicios. Aún más, algunos de ellos podrían decidir quedarse e instalar negocios que permitan tanto la vida propia (reproducción social) como la obtención de ganancias (acumulación capitalista).

Si bien pequeños, modestos, ecológicos, con ideas de comercio justo, el éxito de hostales o restaurantes en lugares de reciente llegada de las clases medias altas llama la atención del gran capital turístico, evidentemente por las ganancias extraordinarias que perciben estos pequeños capitalistas dada la alta demanda, bajos costos de inversión inicial y sobre todo al monopolio de localización, pues no olvidemos que aún es imposible replicar la naturaleza de una playa, su ecosistema y su escenario, por lo que quien logre establecerse primero monopoliza dichos recursos naturales. Por ello, los grandes capitalistas eventualmente tratarán de hacer tratos, sociedades, comprar negocios o extender préstamos para poder participar de las ganancias de este nuevo mercado. Esta dinámica incluso puede ser impulsada por el gobierno para vigilar los procesos de colonización de la tierra de frontera o para controlar la expansión del capital.  De tal forma que logran eventualmente controlar el acceso a los “colonizadores” a la tierra barata o casi-gratuita de frontera.

Este proceso esbozado a grandes rasgos se puede verificar en México en la costa de Quintana Roo. Aldeas pesqueras como Playa del Carmen pasaron a ser atractivos para el turismo de aventura, hippies y extranjeros en las décadas de 1970 y 1980, donde instalaron hoteles pequeños (Camacho, 2015) para posteriormente dar paso a enormes complejos turísticos multinacionales (como Mayakoba, Playacar y Grand Coral) a partir del impulso del “corredor turístico Cancún-Tulum” a mediados de los noventa y de la apertura de la carretera Mérida-Cancún en 1993. El crecimiento fue tan explosivo que Playa del Carmen pasó de 737 habitantes en 1980 a 149 mil 923 habitantes en 2010, posiblemente el crecimiento urbano más rápido en América Latina en su momento. Mientras que Quintana Roo pasó de 88 mil habitantes en un territorio considerado de frontera en 1970 a 1.3 millones en 2010, la mayor parte asentándose en el litoral que se encontraba despoblado.

Hoy este poblado ex pesquero y muchos otros forman parte la Riviera Maya, en donde se da un enorme proceso de urbanización que favorece sólo a los grandes empresarios ligados al turismo y genera enormes procesos de explotación y alienación de la población trabajadora que le da vida, al basarse en un modelo de salarios bajos para la prestación de servicios (Acuña y Medina, 2017). Además, genera un enorme impacto ecológico, pues el desarrollo turístico a lo largo de la costa de Quintana Roo se estima que ha arrasado hasta con el 55% del manglar desde la década de 1970 (La Jornada, 1/2/2016).

Este mismo proceso hoy se reproduce desde Tulum hasta Holbox, con innumerables hoteles, hostales y restaurantes que están expandiendo el complejo turístico de forma acelerada, aumentando la desigualdad y afectando la conservación de la naturaleza. Este proceso se acelerará aún más con la entrada en funcionamiento del Tren Maya y su lógica de impulso al turismo en la península.

No nos dejemos engañar.  La idea de “huir” de la ciudad y con ello “huir” del capitalismo, termina funcionando al propio capitalismo que se mantiene y reproduce de formas novedosas. Le ayuda a generar una solución espacial a sus problemas de sobreacumulación del capital y a la falta de oportunidades de inversión que existen en las urbes; así como a liberar las tensiones sociales de tener personas sin trabajo o viviendo en condiciones precarias.

Huir individualmente del capitalismo que tanto se detesta, no es una solución real, menos cuando las relaciones de producción capitalista mantienen su dominio global. Empezar por enfrentar el hastío de manera colectiva y organizada es la única posibilidad que tenemos para crear una sociedad diferente; recuperar lo político y, así, el camino a la verdadera emancipación.


Referencias

Acuña, Carlos, y Salvador Medina. (2017). Riviera Maya: Sin derecho a la ciudad. Horizontal. 

Harvey, David. (2009). Espacios de Capital. Hacia una geografía crítica. Madrid: Akal.

Camacho Lomelí, Rosalía. (2015). Urbanización turístico-costera desigual en Playa del Carmen, Quintana Roo (México). GeoGraphos [En línea]. Alicante: Grupo Interdisciplinario de Estudios Críticos y de América Latina (GIECRYAL) de la Universidad de Alicante.

La Jornada (1/2/2016). Norte de Quintana Roo perdió 55% de superficie de manglar en 40 años.

*Agradezco los invaluables comentarios de Ana Sofía Rodríguez, cualquier error u omisión son mi responsabilidad.

Originalmente publicado en Revista Común.

Publicado en Blog

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