Saltar al contenido →

El problema con el cochismo y el futuro post COVID19

Los términos “cochismo” y “cochista” se han popularizado en México entre diferentes grupos que promueven el transporte sustentable, así como entre diversos grupos que simpatizan con las causas ecologistas y que desean reducir el uso del automóvil particular.

El termino nacido del activismo ciclista se suele utilizar para tratar de clasificar una “clase” de población usuaria del automóvil, se asume que es su único medio de transporte y un estilo de vida (al estilo de los grupos ciclistas). El uso de este término conlleva una serie de supuestos: que el manejo de un automóvil es una elección totalmente consciente, autónoma y soberana, o bien, algún tipo de adicción. Se le agrega una carga moral negativa, una peyorativa, al no ser un vehículo sustentable y por el manejo agresivo con el que sus usuarios circulan. Y se apela a los conductores con campañas como “en bici ya hubieras llegado”. Incluso se llega al extremo de considerar al automóvil como una tecnología que debe ser combatida y si es posible, desaparecerla. En el mejor de los casos, se utiliza para señalar políticas públicas que favorecen el uso del auto, sin complejizar demasiado al respecto.

El uso de este término apunta a un hecho irrefutable: en las ciudades el automóvil particular domina las calles, dejando poco o nada de espacio para otras actividades o modos de transporte. Lo que tiene por consecuencia desigualdad en el uso del espacio público, contaminación, inseguridad vial, etcétera. No obstante, dichas observaciones se quedan en una capa superficial, al centrar las causas del problema en elecciones individuales (desinformadas, erróneas o de otro tipo). A partir de las cuales se desprenden mensajes y sugerencias políticas para cambiar dichas circunstancias.

Por ejemplo, para alterar las decisiones individuales se sugiere imponer algún tipo de impuesto al automóvil para generar los incentivos que obligan al cambio de modo de transporte sustentable y corregir fallas de mercado, o llamar a “bajarse del auto y usar otro medio de transporte”. En otras palabras, se apela a la corrección política y al ethos individualista, al discurso de mercado, a decisiones individuales de consumo, de la ética neoliberal.

Este tipo de medidas funcionan hasta cierto punto, pero olvidan los impactos que tienen sobre sociedades tan desiguales (como la mexicana) y con la carencia de alternativas de transporte en muchas zonas urbanas. Por ejemplo, un alto impuesto a la gasolina para personas que viven en la periferia y requieren llegar a trabajar al centro de una ciudad, que carecen de opciones de transporte baratas, seguras y efectivas, sólo reducirá sus ingresos reales. Es decir, los empobrecerá.

El discurso del “cochismo” se queda corto para transformar la movilidad urbana, debido a su diagnóstico de las causas. Específicamente, no reconoce que la movilidad actual basada en los automóviles (y automotores) genera una dependencia de uso para el funcionamiento de las ciudades contemporáneas. Lo que implica que el uso del automóvil para una parte de la población es una necesidad impuesta, independiente de su ingreso, pues sin el mismo sus traslados serían mucho peores o imposibles, para ir al trabajo, mover a sus familias, adquirir mercancías, entre otras actividades necesarias para subsistir.

Además, dicha dependencia es una característica de la producción del espacio y las actividades económicas en las ciudades capitalistas, no una falla de mercado ni una decisión individual. Esta dependencia se construye a partir de cinco elementos[1] interconectados en diferentes escalas: (1) la industria automotriz (su impulso y lobby); (2) la provisión histórica de infraestructura para el uso del auto; (3) la economía política de la expansión urbana; (4) la erosión en la provisión de transporte público, y (5) la cultura de consumo del automóvil. Una explicación resumida de cada una de estas y su interrelación se puede observar en la siguiente tabla.

Interconexiones reforzadas entre los elementos de los sistemas de transporte dependientes del automóvil

Versión resumida y adaptada de Mattioli et al. , 2020.

Versión resumida y adaptada de Mattioliet et al., (2020).

Si bien esta crítica en el contexto actual pareciera demasiado específica para México, es de vital importancia ante la crisis actual de la pandemia del COVID19 y la crisis climática por venir. El COVID19 está creando las condiciones para el incremento del uso del automóvil a nivel urbano. Su utilidad es clara en este contexto: es una capsula que permite viajar aislado de otros y con ello reducir el riesgo de contagio (prácticamente a cero). Por ejemplo, en Wuhan, China, posterior al cierre y cuarentena total por el inicio de la epidemia del COVID19, la venta de automóviles se recuperó rápidamente así como los niveles de tráfico en cuanto se levantó las restricciones; algo que bien puede pasar en otras ciudades del mundo.

Dada las fuerzas políticas populistas de derecha y conservadoras que se alinean con los intereses de la industria automotriz para eliminar o reducir los controles ambientales, como en EUA, así como un ambiente de petróleo barato a nivel mundial, es posible que en un futuro inmediato haya un incremento del uso del automóvil a nivel local. Esto de igual manera favorecido por la necesidad de reactivar la economía mundial, donde el sector automotriz cobra una importancia especial dada la enorme generación de ganancias y empleo derivadas de su actividad. Combinación de factores que afianzarían la dependencia del automóvil y que son un aliciente extra al cambio climático.

Por ello el foco de la acción política para reducir o eliminar la dependencia de este tipo de vehículos no debe de centrar esfuerzos en crear una guerra cultural o una crítica social basada en una identidad política falsa de un fetiche: el automóvil. Las razones prácticas son claras, puesto que impide impulsar políticas de más grande alcance y de legitimidad popular, al atacar normalmente a la clase social trabajadora que es una gran usuaria (dependiente) de estos vehículos (que son cada vez más accesibles y baratos). De tal forma que se bloquea la posibilidad de tener una aceptación de la necesidad de transformar el uso y producción del espacio urbano, así como de lograr desplegar una agenda ambiciosa de políticas interconectadas para transformar la actual situación y concretar muchas de las agendas de movilidad sustentable urbana por la que muchos pelean.

Es claro que el mantener el mismo curso de dependencia del automotor y los combustibles fósiles, llevará a un desastre medioambiental nunca visto en el futuro. En este sentido, la izquierda no debe sumarse a las posiciones de la corrección política y de condescendencia. Requiere trabajar por crear una conciencia común sobre los problemas de la producción de automóviles, de la movilidad de los trabajadores y de las desigualdades espaciales y de provisión de servicio en las ciudades; de los elementos de la dependencia del automóvil. Así como discutir y establecer las soluciones que permitan crear una economía y movilidad urbana no basada en el uso del automóvil, de tal forma que sea posible garantizar su sostenibilidad y equidad de largo plazo. Lo cual sin duda requiere una amplia organización y discusión a distintas escalas y niveles, más allá de lo realizado hasta ahora.

[1] Mattioli, G , Roberts, C, Steinberger, JK, Brow, A. (2020). The political economy of car dependence: A systems of provision approach. Energy Research & Social Science, 66. 101486. ISSN 2214-6296

Originalmente publicado en Revista Común.

Publicado en Blog

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *